Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. si he elegido pensar y sonreír desde los cinco años, está claro que es porque prefiero asomarme a la vida a través de momentos y sonrisas.
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Anónimo ha dicho que…
Sólo el hecho del título de tu entrada me sugiere y me fascina. 400 golpes o Una noche americana nos contemplan.
Los reflejos siempre son mejores, deforman, no son fieles y te ocultan lo que no quieres ver. Pero pensar y sonreír son dos acciones que en muchas ocasiones es imposible que vayan de la mano.
J. va a ver a mi madre a menudo. Yo no he ido a verla desde hace tres años. Desde el día en que la echamos. Porque ni siquiera sé dónde lo hicimos. Él tampoco, pero supongo que no le parece tan importante la precisión. Yo, sin embargo, necesito una especie de seguridad que sé que no voy a conseguir. Ese día estaba tan ida que no recuerdo nada. Sé que me dije ‘aquí, aquí que hay estoy lo otro y me servirá para orientarme cuando venga sola a llorar o a hablar con ella o a sorber silencio’ Pero no recuerdo las señales que me quería recordar a mí misma. No recuerdo nada. Y no voy. Y cualquiera diría: qué cojones importa que estés una cala o dos más allá o más acá? Y yo lo veo como algo vergonzoso… no recordar dónde coño está tu madre, qué clase de persona olvida dónde dejó a su madre? Pasan los años (así, en plural) rápido, pero el dolor no pasa casi. Y hoy, al ver todas esas putas estrellas en el espejo del piso de J. pienso en que no queda casi nadie con quie...
'acércate' Ella se exhibía se dejaba mirar quería desbordarse... cuando se estaba quebrando le cogió la mano y le dijo 'tócame aquí' ... y él se perdió.
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400 golpes o Una noche americana nos contemplan.