Hace 8 guardé tus letras (las que sé mías y las que sólo sospecho) como un tesoro e intentaba llamar a puertas que no me abrías (atormentándome al imaginar por qué no merecía pasar esos umbrales... y ahora que caigo en la cuenta, ni siquiera me paré a pensar qué haría si un día hubiera podido entrar) Cuando la justicia me dio libertad (¿o fue al contrario?) tus cuadrículas se me antojaron demasiado pequeñas hasta para mí.
Hace 1 tú seguías perdido, buscando tu puto papel: eso sí, con la entrepierna cosida (para no variar)
Consejos vendo que para mí no tengo: (simples) melodías inmaduras. Lo siento: ya no riego piedras.
J. va a ver a mi madre a menudo. Yo no he ido a verla desde hace tres años. Desde el día en que la echamos. Porque ni siquiera sé dónde lo hicimos. Él tampoco, pero supongo que no le parece tan importante la precisión. Yo, sin embargo, necesito una especie de seguridad que sé que no voy a conseguir. Ese día estaba tan ida que no recuerdo nada. Sé que me dije ‘aquí, aquí que hay estoy lo otro y me servirá para orientarme cuando venga sola a llorar o a hablar con ella o a sorber silencio’ Pero no recuerdo las señales que me quería recordar a mí misma. No recuerdo nada. Y no voy. Y cualquiera diría: qué cojones importa que estés una cala o dos más allá o más acá? Y yo lo veo como algo vergonzoso… no recordar dónde coño está tu madre, qué clase de persona olvida dónde dejó a su madre? Pasan los años (así, en plural) rápido, pero el dolor no pasa casi. Y hoy, al ver todas esas putas estrellas en el espejo del piso de J. pienso en que no queda casi nadie con quie...
El otro día me preguntaron qué es lo que más echaba de menos. Yo dije bailar (porque es lo que más echo de menos del mundo) Luego especificaron: de estar con alguien. No tardé ni 3 segundos y mi boca ya estaba confesando: los besos. Todos los besos. Todos. Los. Putos. Besos. Desde esos primeros besos torpes, a trompicones, a tientas de cuando no te conoces... a los encuentros de lenguas, pasando por los ardientes, los ansiosos, los de despedida o los suaves acurrucados después de la explosión del cuerpo. Incluso esos pequeñitos, templados, tiernos que ocurren como si nada, de puntillas, en la convivencia cuando la cosa se afianza: esos que se posan en la mejilla o en la cabeza, o en el hombro… Lo bueno de los besos es que no tienen un espacio geográfico definido. Los puedes desparramar por donde quieras. Joder, besar y bailar me parecen dos buenos deseos para esta nueva década vital.
Comentarios
Lo siento ya no riego piedras.
La verdad que es algo que hacía hace tiempo, pero no me había dado cuenta.
Se me ocurren un par o tres de cosas que tambien mejoran -con su practica- la salud.
...una, sonreir (mal pensada)
(¿o no?).
desorden: en la escuela deberían enseñarnos algo tan básico: las piedras no crecen!!..jajaja